Economía | LOS DUEÑOS DEL PAÍS

Historia de la T

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Mirta Quiles

Por primera vez el Grupo Techint sufre las consecuencias de la apertura importadora. Subsidios, obras públicas, licuación de deuda externa y exenciones impositivas como ejes de su crecimiento.

La niña mimada. Siderca, actual Terniun, fue la primera planta de Techint en territorio argentino.

«Si yo fuera el dueño de la Argentina, me gustaría que este país fuese exactamente como Siderca», fantaseaba en 1991 Roberto Rocca, uno de los fundadores −junto a su padre Agostino− del Grupo Techint en Argentina. La valoración de la empresa (la niña mimada) por parte del ingeniero y empresario italiano se vinculaba con la eficiencia de su modernísima maquinaria, la calificación de su plantel de trabajadores y en particular, con haberla levantado en 1954 desde sus cimientos en la ciudad de Campana, al nordeste de la provincia de Buenos Aires, en «438 días».

Agostino, el fundador de la Compagnia Tecnica Internazionale, Techint, en su abreviatura, en Italia, replicó la experiencia en tierras argentinas solo dos años después, en 1947. La construcción del gasoducto Comodoro Rivadavia−Buenos Aires en 1949, el primero en su tipo en el país y uno de los más largos del mundo en su época (1.605 kilómetros), fue el primer paso hacia la conformación del imperio acerero. Su vínculo con el empresario argentino Torcuato Di Tella (padre), cabeza de la industria liviana en el país, bajo el impulso del primer gobierno de Juan Domingo Perón, le permitió al inmigrante italiano dar inicio al ciclo de industrialización pesada, con sus famosos caños sin costura, claves para la expansión de la pujante industria siderúrgica nacional.

Desde aquella primera obra pública pasaron 75 años, 4 CEO y más de 11.000 kilómetros de líneas de alta tensión, cerca de 2.000 kilómetros de caminos y obras de la envergadura del Puente Zárate-Brazo Largo, del túnel Trasandino Cristo Redentor; de los gasoductos Loma de la Lata y Presidente Néstor Kirchner. En la actualidad, el Grupo desarrolla sus principales actividades en fabricación de acero –planos y largos−, energía, ingeniería y construcción mediante sus principales holdings. Controla un centenar de empresas en 40 países y emplea a cerca de 40.000 trabajadores. Tampoco le son ajenos los negocios en el sector petrolero, con Tecpetrol desde 1981, y década del 90 de por medio con sus escandalosas privatizaciones, los teléfonos y la explotación del transporte ferroviario en la zona cerealera más rica del país, como es el ramal cargas Rosario-Bahía Blanca. Factura por año entre 35.000 y 40.000 millones de dólares a nivel mundial, mientras que, en Argentina, 4 de sus firmas (Tenaris, Ternium, Techint Ingeniería y Construcción, y Tecpetrol), integran la cúpula empresarial, con una facturación de 1.500 millones de dólares anuales.

Sucesión
La sucesión en el grupo empresarial italiano fue de padres a hijos, al igual que la profesión de ingeniero. A Agostino, el fundador, lo sucedió al frente del conglomerado desde 1978, hasta mediados de los 90, su hijo Roberto. En esa década, el sucesor dividió el Grupo en vida entre dos de sus tres hijos: el primogénito y el menor. Agostino y Paolo (el único que no es ingeniero. Es politólogo por la Universidad de Milán. Recaló luego en un master de Desarrollo Gerencial en Harvard) respectivamente. El mayor quedaba al mando del Grupo, a cargo de los aceros planos, mientras que el menor sería responsable de los tubos sin costura y pasaría a dirigir Siderca, la niña mimada.

Las vueltas de la vida y de la aviación signaron los deseos del patriarca. Agostino falleció en 2001 como consecuencia de un accidente aeronáutico. A partir de ese momento, Techint −de la mano de Paolo y en vísperas de la mayor crisis del país− consuma su nueva estructura societaria que se expande, ya diversificada (gracias a las privatizaciones de los 90) e internacionalizada. Desplaza su sede de Argentina a Luxemburgo (zona opaca impositivamente), y se constituye bajo la figura jurídica holandesa de fundación, sin fines de lucro y con impuestos cero. Desde entonces, cada una de sus controlantes se radican en países con beneficios fiscales y el consabido resguardo de información para empresas holding.

Pero si a estrategias «grises» se refiere, Techint tiene en su historia varias de ellas, que comienzan a menos de una década de su establecimiento en el país, pero que tiene dos puntuales que hablan a las claras del comportamiento de la empresa bajo distintos Gobiernos, ya sea democráticos o dictatoriales.

En 1965, bajo el mandato del radical Arturo Illia, Techint es denunciada por legisladores de la oposición como beneficiaria espuria de la ley que promocionaba a empresas nacionales −no extranjeras− que levantaran nuevas fábricas siderúrgicas o hicieran ampliaciones de ya existentes. Aquí, por vez primera hace su aparición el juego que mejor juega Techint: autopercibirse como una empresa argentina para obtener subsidios y ventajas, aunque la mayoría accionaria de todas sus empresas esté en poder de extranjeros (personas o sociedades). Incluso llega al punto de considerarse parte integrante de la denominada «burguesía nacional», sujeto político económico que a estas alturas casi que se ubica en el plano de la entelequia. El beneficioso régimen «Compre argentino», las contrataciones directas, su relación privilegia con la YPF estatal, la licuación de su deuda externa de la mano del entonces presidente del Banco Central, Domingo Cavallo, durante la dictadura, las exenciones impositivas de todo tipo y en los años 90 las privatizaciones −con SOMISA como eje que además consumó la integración vertical del Grupo al absorber o fundir a sus competidoras directas− fueron las marcas de agua del Grupo y el recorrido que la llevó a ser parte principal del denominado círculo rojo del poder económico nacional. Al frente de corporaciones empresarias, como la UIA y AEA, y «poniendo» funcionarios en distintos Gobiernos y sectores clave, como Trabajo o Producción, Techint se convirtió en «la T».

Qué magnitud tendría ya el juego que en 1988 el diario estadounidense de negocios Wall Street Journal (WSJ) expuso a Roberto Rocca al mundo como «empresario rico en un país pobre». El WSJ consideró al grupo Techint como una organización «aprovechadora de subsidios», explotadora del Gobierno y causante de las dificultades económicas argentinas, en el marco de las denuncias que involucraban a Siderca, construida gracias a los préstamos oficiales y tasas subsidiadas. Este cruce tenía como escenario la contratación directa de Techint en 1987 para la construcción del gasoducto Loma de la Lata, 1.100 km de caños y obras.

Paolo Rocca. El cuarto CEO fue quien consolidó en 2001 la nueva estructura del Grupo. 

Foto: NA


No solo tuberías
En esa zona de confort de décadas, Paolo Rocca, hoy muy preocupado por la competencia china, sufrió la primera derrota fuerte contra el proveedor indio Welspun, quien proveerá tubos de acero para petróleo y gas, en la licitación de Shouthern Energy, el proyecto de GNL que lidera PAE y que integran, también, YPF y Pampa Energía. Uno de los principales analistas del sector hidrocarburífero afirmó en una entrevista: «Desde hace 40 años, Techint se sienta en la mesa de negociaciones con el Estado y gana». Cuatro décadas como mínimo. Ahora, el presidente Javier Milei llama al menor de los Rocca «Don chatarrín, el señor de los caños caros».

Hablamos de dos acciones que pintan de cuerpo y alma a «la T». Para la segunda hay que remontarse a la década del 70. En 1979, tiene lugar en Siderca un conflicto laboral por un tema salarial. La primera asamblea convocada por los trabajadores fue precedida por un grupo de oficiales del Ejército con ametralladoras y bayonetas. El conflicto se resolvió, luego de tres días de paro de actividades, a favor de los empleados. Sin embargo, dos delegados pasaron a integrar la lista de desaparecidos: Juan José «Colorado» Torrente y Pascual Gordillo. Hasta bien entrado el menemismo, algunos gerentes de la compañía recibían información exclusiva de sus empleados a través de personal del Cuerpo de Inteligencia de Campo de Mayo y de la SIDE. El vínculo acaso haya nacido como consecuencia del trato diario de ejecutivos de Siderca y miembros de las fuerzas armadas: uno de los centros clandestinos de detención de la zona, el Tiro Federal de Campana, linda con la fábrica, y hasta existe una puerta que comunica ambos lugares. De los 220 trabajadores desaparecidos que tuvo la Unión Obrera Metalúrgica en todo el país, 75, el 17% eran empleados de Siderca. Aún hoy, Techint es investigado y tiene causas judiciales abiertas por su rol como cómplice en la represión durante la última dictadura cívico-militar en los casos de los colectivos de trabajadores de Propulsora Siderúrgica y Siderca. El país soñado de uno de los fundadores de Techint.

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